Obra
Georges Aperghis · 1978 · 10′
Para zarb y voz. El origen se vuelve aquí presencia física: la obra desplaza la atención hacia el intérprete como cuerpo completo —tocar, respirar, hablar, insistir, tensar el gesto—. Aperghis convierte la interpretación en una especie de combate escénico, un enfrentamiento directo entre músico, instrumento y voz. La percusión deja de ser únicamente un objeto sonoro y pasa a ser también teatro, acción y esfuerzo visible.